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Crítica: Chery Tiggo 2.0

Hacía rato que no me sentaba al volante de un auto con tanta curiosidad. Salvo algunas fotos, hasta hoy no sabía nada en concreto sobre la Chery Tiggo 2.0, el primer auto de diseño y tecnología china –aunque ensamblado en Uruguay-, que hoy se lanzó de manera oficial en nuestro país.

Por fuera, el parecido con la segunda generación de la Toyota Rav4 no se puede negar. Sin embargo, ese no será el segmento en el que competirá la Tiggo, sino que se ubicará varios escalones por debajo en precio, equipamiento, calidad de terminación y tecnología. Ahí está la clave de los tan polémicos “plagios” de los diseños chinos: no se trata de un problema de falta de imaginación, sino de una estudiada estrategia para que el comprador pueda lucir un vehículo de aspecto superior por un precio accesible a su bolsillo.

Ahí terminan las similitudes. Abrir la puerta de la Tiggo es como meterse en la máquina del tiempo: las telas, materiales y diseños del interior pertenecen a autos de hace 15 años. Es decir, a pesar de su origen chino, en Chery no tardaron en ponerse a tono con muchos de los vehículos que hoy se venden en el Mercosur: anacrónicos, con interiores baratos y comandos que parecen producidos por la vieja matricería de una misma empresa autopartista.

La posición de conducción es artificialmente elevada y el ploteado del parabrisas en el vehículo de pruebas hacía incluso más incómoda la tarea de manejar. Tal vez influenciado por el fuerte vínculo que existe entre los viejos autos de Sevel y esta nueva sociedad Chery-Socma, no pude evitar hacer algunas comparaciones nostalgiosas: el recorrido de la palanca de cambios es tan impreciso como el de un Fiat Duna S. El pedal de acelerador es pequeño y ligero como el de un Uno SCV. El motor 2.0 de 127 caballos suena dentro del habitáculo con la translúcida sonoridad de un Spazio.

El recorrido de prueba fue breve: apenas cuatro kilómetros por los bosques de Palermo, pero me permitió apreciar que se trata de un auto de manejo ágil para la ciudad, con unas dimensiones que no estorban y un espacio habitable generoso, aunque no confortable. El andar es suave y en las curvas tiene el rolido típico de esta clase de vehículos. El tamaño del baúl, con 827 litros de capacidad del piso al techo, es un punto muy destacable. Tiene casi el doble de tamaño de una Ford EcoSport. La butaca de los pasajeros traseros es regulable en distancia e inclinación de los respaldos, pero –en notable contraste con la elevada butaca del conductor- es tan baja que obliga a llevar las rodillas flexionadas casi por encima del nivel de la banqueta.

El problema serio viene a la hora de frenar. El adjetivo “esponjoso” parece haber sido inventado para el pedal central de la Tiggo. La primera mitad de su recorrido no sirve para nada y sólo frena con decisión cuando se lo patea con firmeza. Por suerte, viene de serie con ABS y EBD.

Por precio, dimensiones y por tratarse de un vehículo de tracción delantera con aspecto todo terreno, la EcoSport 2.0 XLS (apenas 500 pesos más cara) será la principal contrincante del primer auto chino en llegar a nuestro país. La elección del segmento por parte de Chery no pudo ser más interesante, porque la EcoSport lleva cinco años de reinado absoluto en un insólito segmento que sin embargo dio muy buenos resultados económicos a Ford. Y a diferencia de los intentos crossover de Fiat, Peugeot y Citroën, la EcoSport y la Tiggo son las únicas que ofrecen una estética de camioneta para darles el gusto a quienes no llegan a pagar una 4×4 de verdad.

En ese sentido, Ford y Chery empatan en calidad de terminación, aunque la EcoSport saca algunos puntos de ventaja en términos de diseño interior y confort. También tiene seis caballos más de potencia y el mismo equipamiento de seguridad (ABS y doble airbag).

La única razón lógica por la cual el público podría decantarse por la Tiggo y contra la EcoSport es la originalidad de su diseño exterior. La Ford tiene una estética que envejeció mal y pronto, y que no logró renovarse con el baño de plásticos que recibió en el restyling del año pasado. Pero este es un argumento caprichoso y estamos hablando de un segmento del mercado tan incalificable, que me obliga a escribir mi opinión personal a modo de conclusión.

¿Me compraría una Chery Tiggo 2.0? No, pero tampoco me compraría una EcoSport.

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