Crítica: BMW X6M

BMW Group Argentina organizó una jornada de manejo en el Autódromo de Buenos Aires, donde Argentina Auto Blog pudo probar las nuevas SUV deportivas, que están a la venta desde el mes pasado. Tinta Digital debutó como crítico invitado.

Texto y fotos de Tinta Digital
Editor del Blog de Porsche

BMW Group Argentina realizó ayer una jornada de pruebas en el autódromo para sus modelos X5M y X6M, flamantes novedades en nuestro mercado. El evento estuvo limitado a prensa y clientes de la marca, que se dieron el gusto de dar unas vueltas en el autódromo Gálvez.

El día no había arrancado bien. La lluvia de la noche del miércoles y una tenue llovizna matutina dejaron el piso resbaloso para los primeros turnos al volante. Por suerte, con el correr de las horas el tiempo mejoró y este blogger tuvo la oportunidad de conducir con piso totalmente seco.

Pero antes de tomar el volante, los organizadores habían preparado un lounge en la terraza del autódromo para que entráramos en calor y nos entretuviéramos con un Scalextric y una breve instrucción en el tiro con arco y flecha.

Bíper mediante (un poco antiguo, pero efectivo), me avisaron que era mi turno de probar los “X-M”. Cruzamos la pista por el túnel que une la tribuna oficial con los boxes y nos reunimos con Gustavo Der Ohanessian para recibir instrucciones.

La idea era circular rápido, pero ordenados en trencito. La fila la componían tres X5M y tres X6M, además de la que conducía Der Ohanessian. Nos pidieron mantener una distancia prudencial de 30 metros entre nosotros y no hacer sobrepasos. Nos dijeron que subiéramos de a dos personas por vehículo y que después alternaríamos el volante.

Sólo podíamos manejar uno de los dos modelos, así que rápidamente busqué una X6M. Si bien las dos SUV comparten el mismo motor V8 de 555 caballos y 4.4 litros cilindrada, el diseño de la X6 me atrae mucho más que el de la X5.

Me senté al volante, acomodé el asiento bien abajo (me gusta así), y di un rápido reconocimiento visual: computadora de abordo súper completa y con el sistema de joystick tradicional de BMW (i-Drive), que es bastante amigable. Botones por todos lados y uno con una M en el brazo derecho del volante. Esa tecla sería la que tendría que presionar al escuchar la orden de Der Ohanessian –handy a bordo mediante-, en algún momento del test drive.

Puse primera, pasé la caja de seis velocidades a modo manual, acomodé las manos para llegar cómodo a las levas de cambio y aceleré. Mis compañeros resultó ser un matrimonio “cliente” de BMW, que formaba parte de la lista de invitados.

Agradables pero con poca experiencia en autódromo, se sintieron sorprendidos al salir a pista con toda la potencia del V8. Y eso que no había pisado el acelerador ni a la mitad del recorrido.

La primera vuelta fue de reconocimiento. Hicimos el circuito número 12, o sea: recta principal, “S” del Ciervo, Salotto, recta “del fondo”, chicana de Ascari y derechito hasta la Horquilla para desembocar en la recta nuevamente. Era claro que el mensaje a transmitir era: “Aceleren y sientan la potencia”.

Ya en el giro de calentamiento mi X6M rozó los 160km/h antes de frenar con prudencia para entrar en la chicana de Ascari. Al entrar a la Horquilla se escuchó la voz de Der Ohanessian en el handy: “Presionen la tecla M”.

Hice caso y aceleré a fondo en busca de la recta, antes de que la X6M estuviese totalmente derecha. Salimos disparados hacia la recta. Las cuatro ruedas desparramaron los 555 caballos en el asfalto y enseguida tuve que meter un levazo para pasar de segunda a tercera sin no llegar al corte. Cuarta, quinta y la recta principal del autódromo que se acaba.

Los frenos actúan bien, aunque el tacto es demasiado esponjoso para gusto de quien escribe. Preferiría algo más real, que transmita que estoy frenando a fondo. La carrocería se balancea un poco, pero nada que asuste, y eso que la “S” del Ciervo la pasamos en un suspiro.

Cuarta a la salida y acelerador a fondo hasta antes de entrar a Salotto. Una vez más la X6M demuestra que está en un lugar que le cae muy bien: la pista. Es fácil llevarla rápido en los curvones y la salida hacia la recta del fondo es una invitación a planchar el acelerador contra el piso.

Lo confieso: la última vez que miré el velocímetro decía 220 km/h, y volví a levantar la vista para ver demasiado cerca a la X5M que me precedía.

La chicana de Ascari pasó sin problemas y ahora sólo tuve que llegar hasta la Horquilla lo más rápido posible. Las vueltas se suceden y mis compañeros de X6M deciden que siga yo al volante, ya que ellos no podrían “ir a ese ritmo”. Mi corazón se alegra. Se me dibuja una sonrisa. Pongo primera, aprieto la tecla M y vuelvo a acelerar. Perdón que los deje, tengo que seguir acelerando.

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