Locos, pero de carne y hueso

“¡Y ahora, aquí vienen! El más temerario grupo de pilotos locos que jamás devoró distancias en las carreteras, ¡en competencia por el título del Piloto Más Loco del Mundo!”. Así comenzaba cada episodio de Los Autos Locos (Wacky Races) que amenizaba las tardes de millones de pequeños que hoy son adultos fierreros.

Como un rescate emotivo, la última edición del Festival de la Velocidad de Goodwood, en Inglaterra, volvió a presentar para alegría de grandes y chicos las réplicas en escala real de esos autos delirantes.

Para quien necesite refrescar un poco la memoria, acá van los nombres: el Temible Salchicha, de Pedro Bello; el Troncoswagen, de Brutus y Listus; el Super Chatarra Special, del recluta y el sargento; el Cadillac de Mathew y sus Pandilleros; el Convertible, del Profesor Locovich y el Rocomóvil, de los Hermanos Macana.

También estaban el Espantomóvil, el Alambique Veloz, el avión del Barón Hans Fritz, Penélope Glamour y, por último (siempre últimos), Pierre Nodoyuna y su perro Patán.

¿Me olvidé de alguno?

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