Crítica de archivo: Peugeot 407 Coupé

Hubo un tiempo en que los franceses fueron especialistas en coupés deportivas. Los Talbot, Renault-Alpine y Peugeot no sólo ganaban en circuitos y rallys, sino que también conquistaban a los gentlemen drivers con diseños de refinado buen gusto.

Durante más de 40 años, Peugeot selló con el estudio de diseño Pininfarina una alianza casi tan fuerte como la que el carrocero italiano mantiene hoy con Ferrari. Todo comenzó en 1955, con el diseño del Peugeot 403 y pronto Pininfarina se especializó en la creación de coupés y descapotables cuyas carrocerías se fabricaban en su propia planta de Italia, para luego viajar hasta Francia donde se unían con la mecánica.

El último Peugeot que llevó la firma de Pininfarina fue el 406 Coupé de los años ’90, con una línea soberbia, que lo hacía parecer el doble de caro de lo que costaba. Desde entonces, Peugeot se encarga in house del diseño y la producción de sus modelos más exclusivos.

El 407 Coupé es el primero en muchos años que no llevar la firma del carrocero de Turín. Y hasta la llegada del nuevo Laguna Coupé, también es el único dos puertas premium que se fabrica por estos días en Francia.

¿Qué ocurriría si los franceses desempolvaran su mejor savoir-faire con nuevos deportivos pura sangre? ¿Cómo sería este 407 Coupé si hubiera pasado por el tablero de Pininfarina? Mejor no hacer conjeturas y vayamos a los hechos concretos.

Se sabe: el 90% del éxito comercial de una coupé radica en su diseño. Es como una top model: no queremos saber lo que piensa sobre el calentamiento global, sino cómo luce en la pasarela.

El 407 sedán es uno de los autos más atractivos de su segmento y muchos de sus rasgos se acentuaron con esta carrocería dos puertas. La extraña boca de escualo en la trompa ahora es más prominente y se añadieron unas branquias que ayudan a disipar el calor del motor. El 407 Coupé es 14 centímetros más largo, cinco centímetros más ancho, y cinco centímetros más bajo que la berlina. Esos son los valores objetivos que dan como resultado una línea más agresiva, deportiva e imponente.

Si la boca de tiburón es llamativa, el ángulo más atractivo de esta coupé es la cola. Es formidable; clásica y moderna al mismo tiempo. Como ya se vio en el 406 Coupé, la luneta trasera cae con más inclinación que los pilares posteriores, generando una superposición de planos que recuerda a las Berlinettas Ferrari de los años ’70 y ’80.

Pero el show no termina ahí. El voladizo del baúl es corto -como debería haber sido en el 307 CC, si no hubiera tenido que guardar ese enorme techo descapotable que deformó sus proporciones- y se remata con un pequeño deflector aerodinámico.

Las ópticas de leds aportan redondeces voluptuosas a los contornos. En la parte más baja se impone la presencia de un extractor de aire de gran tamaño, acompañado por la doble salida de escapes cromados.

El único defecto del diseño es anecdótico, aunque notable: el 407 Coupé se ve diez veces mejor en persona que en fotos. Tal vez al infatigable fotógrafo Marcelo Sánchez no le guste oírlo, pero esta misma frustración también la experimentaron los artistas que hicieron toda la campaña publicitaria y de folletería de este auto. Es algo tan extraño como cierto. Hay que verlo para comprenderlo.

Tiene capacidad para cuatro personas y el espacio para los pasajeros de atrás es aceptable. Para acceder al asiento posterior hay que tener paciencia. Las butacas delanteras se rebaten con un motor eléctrico que demora 12 segundos en abrir paso. Muy cómodo, pero si está lloviendo vas a terminar empapado.

Sin embargo, ese es un detalle menor. Como en toda coupé, el rey siempre será el conductor. En el 407 todo gira en torno a él. Es el único que tiene asiento con dos memorias de posición y, en caso de accidente, es el único ocupante que cuenta con un airbag especial bajo la columna de dirección. Según los extraños diagramas del fabricante, serviría para proteger las partes más nobles del piloto.

La terminación tiene apliques en aluminio pulido y los materiales son de una calidad respetable, aunque está lejos de igualar a sus rivales alemanes. Se podrían haber utilizado plásticos de mejor calidad, en especial para los comandos de las luces y del limpiaparabrisas.

El baúl con 400 litros de capacidad es más que generoso para un auto donde rara vez viajarán más de dos personas. Es apenas siete litros más pequeño que en el sedán.

En Europa existen hasta seis versiones del 407 Coupé y –buena noticia- a nuestro país sólo llegará la más equipada. Tiene el motor V6 3.0 y la caja secuencial de 6 velocidades que ya se ofrecía en la berlina de lujo 607.

Posee cuatro válvulas por cilindro, inyección indirecta secuencial y sistema de distribución variable. Es muy elástico y tiene un claro temperamento deportivo desde las 4.000 rpm en adelante.

La caja secuencial está programada para manejar en autopista, más que en un circuito, lo cual es acertado porque está a tono con el espíritu general del auto. Al colocar la palanca en el carril de la función “Manual” se puede seleccionar el cambio dentro de un rango restringido, siempre y cuando no exista el riesgo de pasar de vueltas el motor o de que se apague por arrancar desde un semáforo en cuarta.

Es decir, con los golpes a la palanca hacia delante y hacia atrás, lo único que se hace en forma “manual” es enviarle a la computadora del sistema la intención de hacer un cambio. Es el software el que analiza las variables de riesgo y, después de algunos milisegundos, dice: “Bueno, está bien”, y mete el cambio solicitado no sin cierta demora.

Si los Peugeot siempre se destacaron por su buen andar es justo decir que este es el Peugeot con el mejor andar del momento. Es confortable sin ser un flan. Filtra las imperfecciones del camino sin aislar al conductor. Incluso, cuando se selecciona el programa “Sport”, la suspensión es firme, aunque sin convertirse en una roca.

El habitáculo es un lugar cómodo de vivir, incluso en el tránsito cotidiano. El auto se conduce de manera fácil, confortable y relajada.

La dirección tiene la suavidad y precisión de una mira telescópica bien calibrada. Los frenos son fantásticos e incansables. Tiene discos ventilados adelante y macizos atrás, con un mayor diámetro que en el cuatro puertas.

Pese a todo, sería un error decir que este es un auto con un comportamiento deportivo. La caja secuencial tiene una parte de la culpa, pero en especial es responsabilidad de la tracción delantera: el motor invita a llevarlo alto de vueltas, pero en caminos revirados las reacciones son previsibles, subvirantes y casi frustrantes.

Donde mejor se siente es en las autopistas y en las rutas en buen estado. En ese ambiente se convierte en un viajero inagotable y placentero.

Cuando se trata de coupés premium, las prestaciones y el comportamiento deportivo son una cuestión secundaria. Los vendedores experimentados saben que, en este segmento, lo más importante siempre es lo que entra por los ojos. Con una línea muy llamativa y poco vista en nuestras calles, el 407 Coupé es el equivalente sobre ruedas de Karina Jelinek: una figura magnificente y apetecible a la que no hay que exigirle un desempeño brillante. Y que nadie, bajo ningún concepto, piense que ésta es una conclusión negativa para el auto.

FICHA TECNICA
Precio: $ 232.000 (febrero 2009)
Motor: delantero transversal, V6 en aluminio, 4 válvulas por cilindro, inyección indirecta secuencial, distribución variable.
Cilindrada: 2.946 cc
Potencia: 216 CV a 6.000 rpm
Transmisión: tracción delantera, caja secuencial de 6 velocidades, con función Sport y Snow.
Peso: 1.712 kg
Velocidad máxima: 235 km/h
Aceleración de 0 a 100 km/h: 8,7 s.
Consumo medio: 10,2 l/100km

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