Crítica de archivo: Toyota Camry 3.5 V6

El Toyota Camry puede ser considerado como el abanderado histórico del avance de las marcas japonesas en la última década. Es uno de los auto más vendidos en Estados Unidos desde 1997 y el principal responsable de que Toyota haya desplazado a General Motors como el mayor fabricante de autos en todo el mundo.

El Camry, sin embargo, no es el auto que todos sueñan tener. Si bien en la Argentina es casi un desconocido, en gran parte de Latinoamérica es aceptado desde hace años como el “típico auto de papá”. Ocurre que, mientras el Honda Accord consigue identificarse con un público más joven, el Camry transmitió siempre una imagen seria y adulta.

Sin embargo, la gran diferencia entre la cultura automotriz de Japón y la de Detroit (que por infortunio adoptaron también algunos fabricantes argentinos), es que cuando los japoneses detectan un problema ponen de inmediato a trabajar un equipo en busca de una solución. Sus competidores occidentales, en cambio, muchas veces pretenden convencerse de que ese problema, sencillamente, no existe.

La nueva generación del Camry que se ofrece en nuestro país es el resultado de esa búsqueda de una solución.

Un colega venezolano me dijo una vez que testear un Camry es como testear un helado de vainilla: “Todos son iguales”. Lo cierto es que esta generación rompe con ese cliché. Es un sedán que impone su presencia por la contundencia de sus 4,8 metros de largo y 1,46 de ancho. La trompa presenta las líneas más originales y atrevidas, que parecen moldeadas por el viento.

Su perfil es más tradicional y discreto, con un acento apenas deportivo en sus llantas de aleación de 16 pulgadas. La cola es rotunda y la doble salida de escape permite intuir que debajo del capot hay algo especial.

Lejos del helado de vainilla, el nuevo Camry halaga a la vista como un refinado crème brûlée. La siguiente anécdota lo demuestra.

Con el fotógrafo Marcelo Sánchez elegimos al Tigre Hotel para la sesión de fotos, en parte porque encaja con el estilo señorial del auto y también porque da gusto ver cómo quedó ese edificio después de 15 años de restauración.

El mejor ángulo para las tomas era desde adentro del estacionamiento del Concejo Deliberante de Tigre. Como no había nadie para pedir permiso, nos metimos con la idea de hacer fotos hasta que salieran a echarnos, como suele ocurrir en estos lugares.

Obvio: a los dos minutos apareció un guardia de seguridad, pero en lugar de imponernos la autoridad de su gorra nos dijo: “Sigan, sigan, trabajen tranquilos. ¿Qué auto es?” Dos minutos después salieron varias empleadas municipales y ya no les interesaba conocer la marca: “¡Qué divino! ¡Me lo quiero llevar! ¿Cuánto cuesta? ¿Me lo puedo probar?”.

Por experiencia, sabemos que con un Audi o un BMW la reacción de la gente no hubiera sido la misma. El Camry no despierta envidia, sino simple curiosidad. Y un auto que no es ostentoso, aunque sí elegante, corre sin dudas con una clara ventaja objetiva.

Al trasponer la enorme puerta de acceso al habitáculo queda claro que la procesión del Camry pasa por dentro. Más que un habitáculo, ofrece un salón espacioso, confortable y muy bien insonorizado. La ambientación interior no tiene la sofisticación europea de un Passat, sino el clasicismo conservador de un Buick.

En este entorno, sin embargo, hay algunos contrastes. La iluminación tridimensional del tablero convive en armonía con la tersura de los apliques de madera en el volante, puertas y consola. El cuero cosido de las mullidas butacas se combina sin problemas con el sistema de regulación eléctrica y el climatizador de precisión quirúrgica.

A diferencia de otros sistemas de aire acondicionado modernos, pasar de 21 a 20 grados en el Camry implica un cambio climático que se siente al segundo en la superficie de la piel.

Los pasajeros traseros viajan con holgura y el tratamiento que reciben en la butaca posterior recuerda a los modelos más lujosos de Lexus, donde quien viaja detrás muchas veces es el que manda.

Hace dos años, Toyota Argentina había dispuesto todo para relanzar la marca Lexus en la Argentina, pero se dio cuenta de que el nuevo Camry era suficiente para tener una buena oferta en el segmento de los que buscan sedanes de lujo. El proyecto Lexus en Argentina, por ahora, está archivado.

La capacidad interior se completa con un colosal baúl de 504 litros de capacidad, que incluso permite acceder al habitáculo por medio de una puerta central para transportar objetos de hasta dos metros de longitud.

En términos de relación precio-producto, el principal valor agregado del Camry se encuentra bajo el capot. El V6 naftero de 3.5 litros es un atleta olímpico oculto bajo la piel de un burgués sibarita. Entrega 277 caballos de potencia y en el tránsito urbano es fácil olvidar con rapidez que se conduce una enorme berlina de casi cinco metros de largo.

Pese a sus dimensiones, el peso está contenido en 1.535 kilos, por lo que ofrece casi la misma ecuación peso-potencia de un deportivo pura sangre, como la coupé Nissan 350 Z. El motor de 24 válvulas cuenta con el sistema doble VVT-i que optimiza la entrega de torque en todo momento. De esta manera, se obtiene un par máximo de 346 Nm a 4.700 rpm.

Tanto en la versión 4 cilindros de 167 caballos como en la V6, el Camry sólo se ofrece en nuestro país con caja automática. Pero los puristas no deben desesperarse: con el comando secuencial activado, la Shiftronic de 6 velocidades es la más sumisa de todas las automáticas.

En manejo deportivo, la computadora del sistema no interfiere ni siquiera para proteger al motor. En la mayoría de las cajas secuenciales, al ingresar en la zona roja del régimen se envía la orden inmediata de ascender un cambio, pero con la Shiftronic esto no ocurre. De hecho, es posible hacer kilómetros tirando el motor hasta el corte, lo cual revela un control absoluto por parte del conductor de la marcha que se desea utilizar en cada caso.

Sólo la caja secuencial con doble embrague de VW-Audi es mejor en términos de performance. Y esto no es un defecto, porque implica que la Shiftronic es incluso mucho mejor que la pretenciosa Septronic de Mercedes-Benz.

Más de 270 caballos y una de las cajas secuenciales más vehementes del mercado. ¿El Camry V6 es un auto deportivo? De ninguna manera. Es ágil en el tránsito y en la gama alta del cuentavueltas el V6 se deja sentir con rabia. La dirección tiene la precisión de un estilete y los frenos a discos en las cuatro ruedas responden con una contundencia pasmosa.

Sin embargo, la suspensión está pensada para un manejo relajado. Tiene el poderío suficiente para realizar viajes largos a ritmo intenso, pero eso no implicará nunca llegar a destino con los huesos doloridos y los nervios de punta. El Camry es un caballero tanto en ciudad como en las autopistas más veloces.

En los caminos más revirados es donde se siente que la prioridad está puesta en el confort, antes que en el agarre feroz. Transmitir 270 caballos a través de las ruedas delanteras, más que un exceso parece casi un prodigio. El control de tracción tiene un trabajo duro y dispara una molesta chicharra sonora cada vez que el conductor excede las mínimas reglas de cortesía con los demás pasajeros.

Tan sólo se le puede criticar un carácter algo sediento al V6. Los 70 litros del tanque de combustible –generosos en la versión 4 cilindros- pueden quedar algo justos en el modelo más potente si se viaja a un ritmo veloz.

Cuando un nombre permanece en el mercado por más de 27 años es porque debe representar algo bueno. Casi desde el comienzo de su historia, el Camry se convirtió en sinónimo de calidad, confiabilidad, refinamiento, buena relación precio-producto y un respetable valor de reventa.

Esta nueva generación demuestra una clara preocupación por ofrecer un producto de diseño más atrevido, aunque sin caer en la ostentación. Si en algunos países se lo critica por ser previsible y demasiado serio, para el público argentino -que hasta ahora desconocía las bondades de este modelo-, las cifras de producción globales del Camry sirven en todo caso como el más implacable argumento de ventas: 10 millones de personas no pueden estar equivocadas.

FICHA TECNICA
Precio: $ 166.300 (febrero 2009)
Motor: delantero longitudinal, 6 cilindros en V, inyección electrónica multipunto, 24 válvulas, sistema doble VVT-i.
Cilindrada: 3.456 cc
Potencia: 277 CV a 6.200 rpm
Transmisión: delantera, con control electrónico, caja automática de 6 marchas Shiftronic, con comando secuencial.
Peso: 1.535 kg
Velocidad máxima: 240 km/h (limitada)
Aceleración de 0 a 100 km/h: 6,1 segundos.
Consumo medio: 10,6 litros cada 100 km.

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