Crítica de archivo: Polaris Ranger 500

Un motor, cuatro ruedas y poco más. El mejor todo terreno del mundo también es el más pequeño: 2,87 metros de largo y 1,90 de ancho. Por sus dimensiones, está más cerca de un electrodoméstico que de una Hummer o un Land Rover.

Sólo se puede tomar con seriedad al Ranger 500 cuando se lo maneja o cuando se conoce un poco la historia de Polaris: desde hace 50 años es el mayor fabricante de motos de nieve del planeta y desde hace dos décadas se especializó en vehículos todo terreno. Sus cuatriciclos se vendieron por millones y en 1997 se decidió a fabricar el Ranger, un extraño híbrido entre un cuatri y un jeep, que intenté encajar en vano.

Detenido, su aspecto es simpático, por no decir casi ridículo. Parece el modelo a escala de un extraño aparato que nunca existió. En su cabina hay espacio justo para tres adultos que sólo están protegidos por una especie de tienda de campaña con parabrisas de vinilo transparente y una robusta barra de seguridad.

En la caja de carga se puede poner una butaca para llevar a tres personas más, a la intemperie total. La caja es basculante y tiene una capacidad de hasta 455 kilos de carga.

El conductor va sentado en una larga butaca que comparte con sus acompañantes. Tiene la misma ergonomía de un banco de plaza. El volante es grande y horizontal, como el de un camión. Pero con el vehículo detenido, la dirección pesa aún más que la de un Scania.

No hay muchos más comandos para accionar: un pedal de freno, un acelerador y una palanca rústica para la caja automática.

Colin Chapman, el desaparecido fundador de Lotus, se hizo famoso por crear el Seven, “un auto con prestaciones de moto”. La fórmula del Ranger está en las antípodas de Chapman y ahí está el secreto de su temperamento explosivo: es una moto, un cuatriciclo de 500 centímetros cúbicos, con la carrocería de un auto.

El motor es un cuatro tiempos refrigerado por agua con 30 caballos de potencia. Con un peso en vacío de 539 kilos, tiene una relación peso/potencia mucho mejor que la de varios Land Rover y Toyota modernos.

La caja automática tiene un sistema de transmisión variable y sólo cuatro opciones: alta, baja, neutral y reversa. Conectar la doble tracción no es difícil: sólo hay que presionar el único botón que hay en todo el tablero.

La primera impresión que causa el Ranger en movimiento es su sonido. Es un aparato ruidoso. Desde la butaca es posible escuchar el rumor que emite cada engranaje al impulsar a su compañero.

La segunda impresión es la temperatura. El viento se mete por todos lados, pero no hay que preocuparse por el frío: en pocos minutos el respaldo del asiento comienza a irradiar el calor del motor como si fuera la mejor butaca calefaccionable de un Jaguar.

Después están las vibraciones. Este aparato tiembla, se sacude, parece vivo. Y de mal humor. Por último está la aceleración: tan instantánea que noquea.

El motor trepa de vueltas tan rápido como una Minipimer y los neumáticos de 12 pulgadas avasallan todo lo que encuentran en su camino: tierra, barro, arena, nieve, terraplenes, zanjas, ríos, arbustos, animalitos del bosque y militantes de Greenpeace. De hecho, por su capacidad depredadora, el Ranger debería figurar en la lista negra de las organizaciones ecologistas.

Y sin embargo, es el vehículo más ambientalista que se haya construido jamás: con el consumo de una moto y casi sin dejar huella te puede llevar al medio del pantano más inaccesible donde la única especie en extinción vas a ser vos, ante la euforia de miles de mosquitos que tal vez se encuentren con el primer ser humano que ven en sus vidas.

O tal vez te pueda llevar a la cima de una montaña nevada, como lo hizo la Gendarmería Nacional el año pasado, por invitación del importador Naval Motor. Si se queda encajado –cosa difícil- no hay problema: siempre va a ser más fácil empujar este cuatri-jeep de 500 kilos que ponerle el hombro a una camioneta de dos toneladas.

Y si, de alguna manera alguien encuentra el límite de su capacidad de tracción, Polaris ya pensó en un Plan B: en opción se ofrecen unas orugas que lo convierten en un tanque en miniatura.

Como el conejito a pilas de la propaganda, el Polaris Ranger es un juguete incansable que anda y anda. Su precio de 17.500 dólares lo eleva casi al nivel de capricho con ruedas, pero en apenas dos años ya se vendieron 80 unidades en todo el país.

El mundo está lleno de vehículos más grandes, confortables, silenciosos y sensatos que, en dimensiones, le sacan varias cabezas al Ranger. Pero cuando el camino se pone difícil, nadie llega ni a las rodillas del mejor secarropas off-road del mundo.

FICHA TECNICA
Precio: 18.500 dólares (febrero 2009)
Motor: central-trasero, monocilíndrico, 4 tiempos, refrigerado por aire.
Cilindrada: 499 cc
Potencia: 30 CV
Transmisión: Caja automática de transmisión variable, caja reductora y tracción a las cuatro ruedas desconectable.
Peso: 539 kg
Medidas: largo, 2.870 mm; ancho, 1.905 mm; alto, 1.520 mm; distancia entre ejes, 1.930 mm
Capacidades: 455 kg de carga; 682 kg de remolque.

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