Crítica de archivo: Dodge Ram 2500

La estrategia de Dodge a nivel mundial es convertirse en la marca más provocativa y bravucona del mercado. En la Argentina promociona sus camionetas con la frase: “¿Insatisfecho con su actual compañera? Póngale los cuernos”. En Estados Unidos pegaron afiches donde se ve a dos hombres haciendo pis mientras se preguntan: “¿El tamaño realmente importa?”.

La incorrección política de Dodge no es nueva y se remonta a su prehistoria, cuando los hermanos John Francis y Horace Elgin Dodge eran proveedores de piezas y motores para Ford. El investigador argentino Aroldo Scabuzzo asegura que los hermanos Dodge eran “mujeriegos, fanfarrones y matones temidos en Detroit. Henry Ford decía que, a la hora de negociar contratos, los Dodge siempre apoyaban dos pistolas sobre el escritorio”.

No se sabe en qué auto iban a esas reuniones los hermanos Dodge. Si hoy vivieran, sin duda manejarían una Ram.

La Dodge Ram nació hace doce años para brindar transporte a las empresas constructoras y las compañías mineras de Estados Unidos. Carga una tonelada y algunas versiones especiales son capaces de remolcar hasta 5.964 kilos. Sin embargo, en los años ’90, la euforia de los norteamericanos por las pick-ups inmensas convirtió a la Ram en el vehículo favorito de las madres que llevan sus chicos a la escuela y de otras personas que desean reforzar su carácter con un vehículo como éste.

Lo cierto es que la Ram cumple ese cometido sin problemas. La trompa de rasgos agresivos intimida hasta al colectivero más malhumorado y en los cruces de esquina los autos se detienen para ceder el paso aunque aún estemos a mitad de cuadra.

No es fácil salir a la calle con una Ram 2500 Laramie roja justo cuando, por estos días, hasta los chicos de primaria juntan marquillas de cigarrillos para ganarse una de las diez camionetas que sortea Marlboro. En los semáforos, los automovilistas levantan la vista con cierta curiosidad morbosa, como si quisieran saber si el ganador del sorteo ya desarrolló una angina tabacal.

Y la admiración no es para menos: mide casi seis metros de largo, dos metros de ancho y dos de alto. Estacionarla en la calle es una odisea, en las playas de estacionamiento te cobran el doble, en los lavaderos automáticos no entra y algunos peajes hay que pasarlos por el carril reservado para camiones.

Ninguna pick-up del mercado se acerca a estas dimensiones. Su estética es única y dice mucho sobre la persona que la maneja. Tal vez por eso es la camioneta favorita de algunos empresarios obsesionados con su imagen, como Alan Faena y Francisco de Narváez.

El habitáculo de la Ram está casi a la misma altura de la cabina de un camión mediano y para ingresar hay que tener ciertas nociones de alpinismo. Más complicado todavía es descender: no hay escalones ni estribos que acompañen, así que hay que aprender a tirarse al vacío con cierta elegancia.

La versión Quad Cab ofrece el único interior de su categoría con espacio para seis personas, al menos hasta el lanzamiento de la nueva Ford F-100 4×4. La butaca central delantera se puede plegar cuando no se usa y se convierte en un apoyabrazos del tamaño de una mesita de bar.

El asiento trasero tiene un acceso cómodo, con puertas grandes, pero el espacio no es mayor que el de una pick-up convencional. El lugar para las piernas es algo justo y el respaldo es demasiado recto. En Estados Unidos y México ya se comercializa una variante Mega Cab, que tiene algunos centímetros más de espacio y butacas traseras reclinables. Es una opción más lógica para cuando la capacidad de carga no es la prioridad.

La posición de conducción es muy relajada. Ponerse al volante es como sentarse en un sofá con un libro en la mano. La palanca de cambios en la columna de dirección puede resultar anacrónica, aunque es práctica. Todos los otros comandos quedan tan lejos que obligan a estirar los brazos. Igual, no hay muchos chiches para jugar: un climatizador básico y un reproductor de compacts nada especial. La computadora de a bordo está en el techo y tiene un temperamento sádico: todo el tiempo te recuerda el consumo promedio de 20 litros de gasoil cada 100 kilómetros.

El diseño del interior es más conservador que un granjero texano, pero los materiales y la calidad de terminación parecen hechos para durar más que nuestro sistema solar.

El corazón de la bestia es un motor Cummins turbodiesel de seis cilindros en línea. Si la entrega de 325 caballos a 2.900 rpm resulta impresionante, más aún lo es el torque de 814 Nm a 1.600 rpm. Es una cifra que espanta, sobre todo si se tiene en cuenta que una Porsche Cayenne Turbo S ofrece 720 Nm a 2.750 rpm. Esto se traduce en un empuje descomunal a muy bajo régimen, en toda condición de carga y terreno. El rugido del motor está acorde con estos valores y el chiflido del turbo completa un sonido que se podría describir como el de un dinosaurio resfriado.

Con semejante usina debajo del capot hubiera sido interesante que se ofreciera una transmisión manual como opción. La automática estándar garantiza una conducción relajada, pero en el tránsito urbano las reacciones son algo lentas y el embrague patina en exceso.

La doble tracción se conecta por medio de una palanca en el piso. El accionamiento es duro y sin embargo resulta preferible antes que los frágiles y caprichosos botones electrónicos de algunas pick-ups modernas.

El andar de la Ram tiene el sello Made in USA. La dirección tiene más juego que un casino de Las Vegas, la suspensión delantera flota como una nube y la trasera no es dura, aunque rebota mucho en los baches. En ruta, el confort es total y el control de crucero invita a relajarse. En rectas largas se puede alcanzar con facilidad la máxima de 170 km/h, siempre y cuando el conductor no tenga problemas en pagar el atracón de combustible y en convertirse en un inmenso blanco para los radares de la policía.

Las curvas hay que tomarlas a conciencia y no hay que abusar del acelerador. En piso mojado el tren trasero se desboca con rapidez, por lo que difícil comprender que Dodge no equipe de serie el control de tracción, un aparatito que no cuesta más de 300 dólares y que utiliza los mismos sensores de los frenos ABS.

En los dos ejes lleva frenos a disco ventilados con dos pistones por cáliper. Tienen un comportamiento excelente y transmiten mucha seguridad en el manejo. El antibloqueo sólo actúa en frenadas muy bruscas.

Por su desempeño en el barro, la Ram puede ser considerada como uno de los juguetes más grandes y divertidos del mundo. Las tres toneladas de peso pueden parecer un lastre importante y las Michelin LTX 265/70 R17 no están hechas para el campo, pero una vez más, el empuje del motor parece infinito y permite corregir las situaciones más complicadas a fuerza de acelerador.

Esta camioneta no se puede juzgar con parámetros racionales. Consume combustible como si tuviera el tanque pinchado y es tan grande que necesitaría su propio código postal. La pick-up más bestial y potente del mercado está de moda entre los ricos y famosos que nunca se hubieran comprado una chata, y es el sueño de muchos que fantasean con ganarse una aunque sea a cambio de un cáncer de pulmón. La pasión no entiende de razones y esa es una lección que aprendió hace muchos años Henry Ford, cuando discutía de negocios con los pendencieros hermanos Dodge.

FICHA TECNICA
Precio: U$S 47.200 (febrero 2009)
Motor: diesel, 6 cilindros en línea, 24 válvulas, turbo con intercooler.
Cilindrada: 5.883 cc
Potencia: 325 CV a 2.900 rpm
Transmisión: caja automática de 4 velocidades, doble tracción desconectable con caja reductora.
Dimensiones: largo, 5783 mm; alto, 1994 mm; ancho, 2029 mm.
Peso: 3.034 kg
Capacidad de carga: 1.048 kg
Velocidad máxima: 170 km/h
Aceleración de 0 a 100 km/h: 12 segundos.
Consumo promedio: 20 litros cada 100 kilómetros.

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