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Crítica: Aprilia SMV 750 Dorsoduro

Texto de Gabriel Amoroso
Especial para Argentina Auto Blog

La prueba de aproximadamente 550 kilómetros se llevó a cabo en un viaje por la Ruta 2 hasta San Clemente, en un día maravilloso a la ida y con una intensa llovizna de regreso.

La Aprilia SMV 750 Dorsoduro tiene un motor dos cilindros en V a 90º de 749 cc, doble árbol de levas a la cabeza y cuatro válvulas por cilindro. Posee inyección electrónica que eroga, según el manual, 92 CV.

La suspensión delantera es de horquilla invertida de 43mm, regulable en pre carga y con extensión marca Showa con un recorrido de 160mm. La suspensión trasera es un amortiguador Sachs alemán, regulable en extensión y precarga con un recorrido de 160 mm.

Tiene frenos delanteros flotantes lobulados en acero inoxidable de 320 mm con pinzas de cuatro pistones Apria. Los frenos traseros son lobulados en acero inoxidable de 240 mm, con pinza de un sólo pistón Aprilia. El neumático delantero tiene medidas 120/70-17 y trasero 180/55-17, con llantas de aleación.

La posición de manejo es cómoda, erguida tipo trial, con un manubrio ancho tipo Protaper enduro de una sola pieza en aluminio. Es ideal para absorber vibraciones. Yo no noté ninguna en todo el viaje. Viene con cubre puños que cumplen bien su cometido. Los espejos tendrían que estar más afuera: tienen poca visión, pero le quedan de maravilla.

La pantalla de cuarzo marca la velocidad, temperatura del motor, velocidad máxima, odómetro y consumo promedio. Se puede calibrar el régimen de vueltas del tacómetro para programar a cuántas RPM pasar el cambio, mediante una luz naranja que se enciende cuando llega al régimen programado. El tablero se puede configuran en once idiomas. Por suerte el español está incluido. También se puede regular la intensidad de la luz de la pantalla. Todo esto se realiza con un pequeño joystick que se encuentra en el puño izquierdo, de fácil comando con el pulgar. No se necesita ser analista de sistemas para realizar las operaciones.

Con el sol de frente se dificulta la lectura de la pantalla de LCD, lo cual no ocurre con el tacómetro, que es análogo, de fácil lectura y muy bonito. Sólo le falta un medidor de combustible que indique en tiempo real cuánto queda en el tanque. Sacar promedios está de más y uno termina adivinando.

Cuenta con 12 litros en el depósito y cuando se enciende la luz naranja no te queda otra que bajar la velocidad y rezar para que la próxima estación de servicio no esté cerrada. La autonomía es muy pobre. Un detalle: hay que meter el pico del surtido lo más profundo posible, porque el depósito se ahoga rápidamente y los playeros te “bautizan” la moto con gran facilidad.

La gestión electrónica del motor cuenta con tres mapeos a elección del conductor: Sport, Touring y Rain. El cambio se realiza con el mismo botón de arranque, en contacto o con el motor en marcha. Se aprieta el botón y van apareciendo en el margen superior izquierdo del display las letras S, T y R. Tampoco se necesita ser físico nuclear para esta operación.

Los comandos eléctricos son suaves, las manetas de freno y embreague son regulables y el embrague es hidráulico: cansa un poco en ciudad si tenés el hábito de llevar la moto embragada en cada semáforo. El freno tiene buen tacto y frena mucho. Sus latiguillos de acero no dilatan y se nota. Ayudan demasiado sus pinzas de cuatro pistones y discos de 320 mm e igualmente para el trasero. Si querés frenar, frena y en serio.

Al asiento hay que acostrumbrarse: es estrecho y posee una tela antideslizante. Estoy acostumbrado a hacer largos trayectos en motos enduro y trial, pero reconozco que si salís a la ruta, ayuda a tener poca autonomía: es una excusa para llenar el tanque y acomodar la raya.

El motor se destaca por su sonido agradable y, al acelerar en vacío, da a entender que a pesar de tener dos cilindros no se trata de una Transalp: su caja, al poner la primera, suena pero entra con decisión. Al largar el embrague, sale sin tener necesidad de acelerar. El motor regula a más de 1.000 RPM y tiene torque de sobra.

Ahora viene lo lindo.

En su mapeo Sport, despliega toda su testosterona. El torque impresiona y hace falta coraje o locura para acelerar. Se notan sus caballos. A partir de las 4.000 RPM se dispara. La rueda delantera se despega con mucha facilidad y, aunque no se note, la trasera avanza patinando. La segunda entra bien y al gatillarla el neumático cruje. Hay que aflojarle, porque es tan divertida como peligrosa.

Responde en sus seis velocidades siempre igual: va para adelante, dobla, frena y acelera como un Honda CBR. Su velocidad final es de 200 km/h. En la ruta brinda mucha seguridad. Sin tener que bajar un cambio podés sobrepasar cualquier vehiculo, pero es adictivo bajarle un cambio para sentir el power.

A pesar de que en el orden de marcha llega fácil a los 200 kilos, el peso no se nota. Es ágil y divertida en las curvas y en las rectas. Sólo molesta la turbulencia a alta velocidad. La protección del conductor es escasa. No es una moto para desarrollar altas velocidades. Decididamente es para la montaña y la ciudad.

Su estética creo que es inmejorable: bella, elegante, racing, la mas bella. Es una alimentadora de ego. Por la calle, te felicitan como si fueras Valentino Rossi. Te miran como si fueras David Beckham y cumple con su cometido como supermotard deseable. Digo esto sólo porque es verdad, a pesar de que lo único que me interesa cuando ando en moto es disfrutarla. ¿Pero a quién no le gusten que adulen a su chica?

De regreso la puse en mapeo Touring. La velocidad final no cambia. Se nota en la entrega de potencia, que no es salvaje. No pierde para nada su cuota racing. A mitad de camino el tiempo desmejoró. La llovizna fue incrementándose y empecé a disminuir la velocidad. Paré en una estación a llenar el tanque y tomar un café, a la espera de que la lluvia pasara. Después de varios cafés y unos cuántos cigarrillos decidí seguir a pesar de la llovizna. Cambié el mapeo a Rain y salí despacito. No pasé de más de 100km/h. Sirvió como experiencia notar que esa configuración ayuda mucho en piso húmedo. La aceleración es totalmente lineal y desaparece la testosterona, por más que la gatilles. Es totalmente progresiva.

De noche y con lluvia observé que la dispersión del agua es bastante buena. Sólo te salpica el agua en el calzado. Su iluminación tendría que ser mejor. Se arregla con un faro de xenón.

Creo que es una moto súper divertida, ideal para la ciudad y las curvas. Tal vez sea costosa, pero se justifican los 19.700 dólares a cambio de una 750cc que es una auténtica joya italiana. Es refinada, cumple con todo lo que transmite y promete, no defrauda. Es ideal para aquellos que quieren divertirse sin pasar desapercibidos.

Sólo se necesitan dólares y coraje para montarla. Yo sólo tuve la suerte de que me la prestaran.

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