Crítica: Mercedes-Benz E Sedán y E Coupé

Esta mañana bien temprano, en el Autódromo de Buenos Aires, el termómetro marcaba cinco grados de temperatura. Mercedes-Benz Argentina tiene desde hace un año la costumbre de presentar sus nuevos modelos en el Gálvez para poder apreciarlos en funcionamiento y en un entorno seguro. Ya ocurrió el año pasado con la gama AMG y con el CLC Sportcoupé. Siempre en invierno, siempre con frío.

Y uno acude a la cita como cordero atado porque la tentación es mucha: manejar a fondo durante un par de vueltas los nuevos productos de la marca alemana, con un benévolo instructor al lado que -por lo general- lo único que hace es enseñarte secretos para girar cada vez más rápido.

Para evitar aglomeraciones, me aseguré de ser el primero en llegar. El sol todavía no había encontrado los boxes y había un viento horrible. Pero ahí estaban, formados en fila: E 350 Coupé, E 300 Sedán, GLK 280, C 280 y B 200 Turbo.

Cuando me preguntaron cuál me gustaría manejar primero, la respuesta fue obvia. Me subí al E 350.

A diferencia de otros mercados, en Daimler Argentina no tienen problemas en reconocer que esta coupé que reemplazó a la vieja CLK está basada en la plataforma del Clase C. Sin embargo, explican, se la denomina con una E porque “comparte hasta el 70 por ciento de sus piezas con el E Sedán”.

Compite en el mismo segmento del Audi A5 y del BMW Serie 3 Coupé. No es tan lindo como el Audi y no es tan discreto como el BMW. Tiene un diseño de gran coupé tradicional, con 4,7 metros de largo y un estilo bastante aburguesado.

Adentro tiene capacidad para cuatro pasajeros, pero los que viajarán realmente cómodos son los de adelante. La butaca del conductor tiene un agarre bastante deportivo, aunque está rodeada de motorcitos eléctricos que hacen la vida más cómoda: mueven el asiento en todas las posiciones -incluyendo el apoyacabezas-, ajustan el volante en profundidad y altura y hasta alcanzan el cinturón de seguridad con un brazo extensible, para que el conductor no tenga que ir a buscarlo tan atrás. El Serie 3 Coupé tiene el mismo sistema.

El E 350 Coupé tiene un motor V6 de 3.5 litros y 272 caballos de potencia que le permite acelerar de 0 a 100 km/h en 6,4 segundos y alcanzar una velocidad máxima limitada a 250 km/h. También hay una variante más potente, E 500 Coupé, con un V8 5.5 de 388 caballos. Pero en el Autódromo no había un ejemplar de esa especie superior.

Lo primero que impresiona al salir de boxes es el silencio. Un silencio que se mantiene constante. Es un silencio raro, porque es apenas perturbado por el leve rumor del motor que ingresa al habitáculo, incluso cuando se viaja a 185 km/h al final de la recta del circuito número 5.

La insonorización y la suavidad de los Mercedes-Benz es legendaria, pero en este caso se multiplica hasta el asombro con esta carrocería que tiene un coeficiente aerodinámico de Cx 0,24. Es el auto de calle más aerodinámico del mundo. Y se nota.

Las llantas de 18 pulgadas ofrecen un andar confortable antes que deportivo. Ojo, el E 350 es una máquina capaz de hacer muchos kilómetros a velocidades prohibidísimas, pero trata a sus ocupantes con el máximo cuidado. La dirección es muy precisa, aunque no tiene el tacto deportivo del A5 3.2 Quattro ni del 335i Coupé.

La función Sport -que se activa desde la consola- interviene en la caja secuencial de siete marchas para meter los cambios con mayor velocidad. También hace que la suspensión sea menos blanda y responde con mayor sigilo a las demandas del acelerador. Se viaja rápido. Muy rápido. Pero adentro, todo es silencio y calma. Son sensaciones tan contradictorias que sorprenden.

Después tuve la oportunidad de manejar el E 300 Sedán Elegance y, ante todo, me acerqué con el respeto que sólo merecen los verdaderos íconos del mercado. Hace casi 30 años que los Clase E de Mercedes son los sedanes de lujo más vendidos del mundo. Los usan los ejecutivos en la Argentina, los snobs en Estados Unidos, los taxistas en Alemania y los cartoneros en Dubai. Es la síntesis perfecta del auto grande, cómodo, eficiente y durable.

Esta nueva generación presenta una importante vuelta de tuerca en términos de seguridad, sofisticación y diseño (la trompa es la más agresiva de su historia). Según las estadísticas que se mostraron durante la presentación, en apenas un mes y medio a la venta, el nuevo Clase E ya supera en ventas al Audi A6 y al BMW Serie 5.

Tiene un andar tan suave que hasta tuve problemas para encontrar una justificación moral válida para pisar el acelerador a fondo. Al final de la recta llegué a 175 km/h. Está claro que no es un auto para correr, pero su motor V6 de 3.0 litros ofrece 231 caballos de potencia y es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos. Su velocidad máxima es de 247 km/h.

En nuestro país también se ofrece el E 500 Elegance con un V8 5.5 de 388 caballos, pero no había unidades en el Gálvez.

El listado de sistemas de ayuda a la conducción y la seguridad es una catarata de términos tan complicados como Thermotronic, Neck Pro y Tempomat.

Mi favorito, entre todos ellos, es el Attention Assist: un algoritmo matemático que calcula la hora del día, el tiempo de viaje, la velocidad del auto, los movimientos de la dirección y hasta detecta si en algún momento cambió el conductor para determinar el momento en exacto en el que hay que parar a descansar.

El alerta consiste en una taza de café que aparece dibujada en el medio del tablero. El auto de la era Starbucks ya llegó.

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