Crítica: Renault Logan 2010

El low-cost para mercados emergentes recibe este año una puesta al día con algunas mejoras estéticas y de equipamiento. Ya salió a la venta en Brasil y llegará a la Argentina en el invierno.

Por Daniel Messeder
Fotos de Oswaldo Luiz Palermo

Creado para mercados emergentes del Este europeo, el Logan nunca le prestó mucha importancia al diseño. La versión 2010, que acaba de salir a la venta en Brasil y que llegará a la Argentina durante el invierno, acaba de recibir un esperado cambio visual.

El Logan es un auto que tiene el espacio interior de un Toyota Corolla y un baúl similar al de un Fiat Linea, algo sin igual para su segmento. Además, en Brasil la marca francesa promete tres años de garantía y un costo de mantenimiento de menos de un real por día, con valores fijos para los services de mantenimiento.

Entonces, ¿por qué será que las ventas del sedán de Renault nunca se destacaron? Simple: es difícil encontrar un auto con menos gracia que el Logan.

Tiene chapas de carrocería sin nervaduras ni pliegues decorativos y los vidrios laterales son rectos, para bajar costos. El interior franciscano sigue la misma línea.

Es esa falta de cuidado la que perjudica el desempeño de este auto en nuestro mercado. Al surgir el Sandero (derivado hatchback del Logan), Renault tuvo que cambiar varias cosas para lograr agradar al público del Mercosur.

Y ahora le llegó al Logan el turno de cambiar. La marca recurrió a varias soluciones del Sandero y otras sugeridas por los propios clientes de la región.

La cirugía plástica tuvo un resultado positivo. El Logan sigue sin ser un ejemplo de líneas osadas, pero por fin incorporó faros delanteras con intermitentes integrados. También estrena nueva parrilla y paragolpes más modernos.

Hasta los cromados –que el Fiat Siena llevó por primera vez a esta categoría- también están presentes, por encima de la parrilla y en la tapa del baúl. “La parte trasera era muy fea”, admite Cássio Pagliarini, director de Marketing de Renault Brasil.

Por eso, además de la faja cromada, la tapa cromada ahora tiene un pequeño deflector en la parte superior, un recurso que también se puede ver en el Volkswagen Voyage. Las ópticas traseras además traen nuevas lentes, más brillantes y modernas.

Por dentro, el Logan ahora es más parecido al Sandero. Los detalles en color plateado son del hatchback, lo mismo que los picaportes y la máscara de la parte central del panel de instrumento, que alberga las salidas de aire circulares.

Los espejos retrovisores externos ahora son más grandes, como los del Sandero Stepway. Es un buen cambio, porque los antiguos no ofrecían una visibilidad decente.

Pero no todo fue copiado del Sandero en el nuevo Logan: el panel de instrumentos recibió nuevos grafismos, exclusivos, y la textura de los plásticos mejoró bastante el aspecto simplón de la cabina.

Atendiendo a una demanda sobre ergonomía, Renault pasó los botones de los levantavidrios a las puertas, pero el cambio no quedó bien. Para accionarlos hay que torcer levemente el brazo. Tampoco hay que esperar comandos one-touch, ni siquiera para el conductor, o iluminación nocturna en los botones.

Otro problema es que los comandos de la ventilación quedaron muy abajo e inclinados hacia el piso en lugar de apuntar al conductor. El botón de ajuste eléctrico de los retrovisores también está mal ubicado, debajo de la palanca del freno de mano. Por otro lado, la posición de manejo mejoró por causa del volante con regulación en altura.

En movimiento, el Logan ahora es bastante más silencioso, debido a los cambios hechos para mejorar el aislamiento acústico, un punto crítico de las primeras unidades.

De hecho, lo que bajó es el ruido de rodadura de los neumáticos, porque el motor 1.6 de ocho válvulas de la unidad probada invadía bastante la cabina a regímenes alto.

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