La potencia vende autos, pero las carreras las gana el torque

Por Federico Kirbus
Publicado originalmente en Retrovisiones.com

Ocurrió en los años noventa. La prensa “especializada” no sabía ofrecer al público lector nada mejor como presunta fija para las carreras que los valores de la potencia que generaba este Fórmula Uno o aquél otro, para que cualquiera dedujera las perspectivas de éxito de cada candidato.

Los fabricantes mentían y mentían… Ofrecían valores exagerados, o bien escondían la verdad: 600, 700, 800 HP. A nadie le gusta que le miren las barajas.

Ante esto, un buen día decidí publicar en el semanario suizo Revue Automobile un comentario donde hacía el siguiente razonamiento: que en todo caso era Monza (y en otra época hubiese sido Avus), donde lo que contaba de verdad era la potencia, por las rectas interminables.

Pero que en otros circuitos trabados era el par motor lo que valía mucho más que los HP. Y formulé este esbozo: entre tantas subidas y tramos cortos con aceleración, en Montecarlo en un 60% del recorrido lo que importaba (y se utilizaba) era el torque, y sólo en el resto, el output.

¡Para qué! Se entabló a raíz de esto una discusión a nivel internacional en la que intervino incluso Mario Illien, el de los motores Ilmor. El propio jefe de la Ilmor Engineering, en Brixworth, Northamptonshire, de origen suizo, respondió a mi posición con un statement que dejó boquiabiertos aún a los más versados.

Partiendo del viejo principio de que para acelerar y trepar se requiere tiro de llanta, verbigracia torque, y que sólo para mantener y conservar la velocidad máxima hace falta potencia o HP, Illien formuló un planteo que sorprendía incluso a expertos.

Y es que en una pista cerrada y ondulada como Mónaco (el viejo Nürburgring o Spa-Francorchamps son casos similares), la potencia real y efectiva se llegaba a utilizar apenas entre un tres y un cuatro por ciento de la distancia total por vuelta.

Es decir que en los 3.340 metros de desarrollo en la calesita de Mónaco la potencia que tanto se exaltaba y se citaba en los vaticinios, ¡sólo se aplicaba plenamente en un tramo de entre cien y 120 metros!

El resto, pura aceleración o tiro de llanta para trepar por las rampas. El aserto vale aún hoy, como lo fue desde los orígenes del automovilismo. En definitiva la potencia, tan exaltada en la folletería, es una magnitud de escaso valor práctico.

En la actualidad ya nadie consigna los HP en el circo de la Fórmula Uno. En todo caso las predicciones de los señores comentaristas se centran ahora en las centésimas y milésimas de segundo que Fulano le sacó de ventaja a Mengano.

Lo cual también es un sinsentido, simplemente porque nadie puede imaginar cuánto -qué distancia- representa una fracción de tiempo tan pequeña.

Por ejemplo, cuando en una clasificación reciente Sebastian Vettel aventajó a Fernando Alonso por dos milésimas: ¿cuánto representaba? En el terreno significaba que el alemán se le había adelantado al español por un margen de doce -sí, 12- centímetros.

Es poco, verdad, pero es un dato ilustrativo y en todo caso basta en cualquier carrera de caballos para adjudicarle a Botafogo un claro triunfo por casi una cabeza sobre Yatasto.

Dijo entonces Hijitus tras querer saber qué hacía el viento cuando no soplaba:

-Ay, papá, ¿pero por qué no hacen correr entonces máquinas de vapor o eléctricas, que entregan su máximo torque al momento de acelerar?

-Ya ves, figlio mío, algo así ya había preguntado un jeque árabe a Giovanni Canestrini en el circuito de Trípolis, en 1939, sorprendido al verlos cruzar tan rápido frente al palco: ‘¿Por qué pasan de nuevo por el mismo lugar?’

El torque, según la sesuda explicación de Mario Illien. Mejor leer a Kirbus.

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