Crítica: BMW X6 xDrive50i

Todo lo que había escuchado y leído hasta ahora sobre la BMW X6 no hacía más que confundirme. El diseñador Chris Bangle hablaba de una coupé y yo veía un vehículo de cinco puertas. BMW informaba que es una Sport Activity Coupé de doble tracción, con muchos elementos en común con la X5, pero yo sólo veía un auto para asfalto, con neumáticos de asfalto, y que me costaba imaginar en un manejo off-road.

A su vez, BMW Group Argentina celebraba que las primeras 20 unidades se vendieron por internet en apenas tres horas y media y con un precio promedio de 120 mil dólares, mientras yo me devanaba los sesos preguntando qué clase de caprichoso millonario quema en un segundo el valor de una casa con pileta sin siquiera haber visto en persona lo que acaba de comprar.

Hoy todos esos interrogantes desaparecieron. No es que haya encontrado las respuestas, sino que tengo la mente en blanco mientras trato de procesar las cifras colosales de la X6: 4,87 metros de largo, 1,98 de ancho, 1,69 de alto, más de dos toneladas de peso, llantas de 20 pulgadas, motor V8 de 408 caballos de potencia.
Me niego a creer en los artilugios de marketing de Bangle y sus amigos alemanes, pero sin embargo me refiero a ella como “la X6”, en femenino. Aunque no sea una camioneta, una todo terreno o una coupé. ¿O tal vez sí?

Por fuera

Es un aparato imponente, que no se parece a nada que haya hoy en el mercado. No tiene el refinado tradicionalismo de una Range Rover, pero tampoco es desproporcionada como una Porsche Cayenne, cuyo único atractivo estético radica en su emblema. La X6 no tiene un diseño que vaya a ganar concursos de belleza. Todo lo contrario, su trompa enojada, sus anchos guardabarros y sus neumáticos de tractor responden más al perfil de un matón que irrumpe en el certamen, escupe al jurado y se roba los premios metiéndolos debajo de sus bíceps.

La parte trasera es quizás la más curiosa, porque intenta imitar a una coupé y se parece más bien a un patovica que intenta pasar desapercibido con un tutú de ballet. La visión se completa con dos escapes cuadrados con la misma sección de un desagüe pluvial, por donde escapa un soberbio ronroneo que hace temblar hasta a las piedras. Después de la coupé M6, esta X6 debe ser el BMW con el mejor sonido del momento.

Por dentro

La calidad de los interiores de BMW hace tiempo que marcaron el estándar a seguir de la industria automotriz mundial y la X6 no hace más que reafirmar el claro liderazgo. Los plásticos son de excelente calidad y agradables al tacto. El interior tiene algunos toques en aluminio pulido y tapizados en cuero irreprochables.

Junto al inusual diseño exterior, la configuración del habitáculo con cuatro butacas independientes es otra señal de que este no es un vehículo para cualquiera. La plaza trasera está dividida en dos por una generosa guantera con posavasos y cenicero. En la X6, los pasajeros de atrás son tan importantes como los de adelante y por eso también tienen un comando del climatizador y un enchufe extra para 12 voltios.

El puesto de conducción es excelente, con dos memorias tanto para la butaca como para el volante. El aro de la dirección se retrae de manera automática al apagar el motor para facilitar el descenso del vehículo. La posición de manejo es muy buena, aunque no deja de ser curiosa. Todos los comandos envían señales de estar al volante de un auto de altas prestaciones, lo cual se confirma de manera rotunda en la práctica. Sin embargo, la altura de manejo es similar a la de una X5, dominando el tráfico desde el mangrullo más sofisticado y confortable del mundo.

En el equipamiento reina con autoridad el sistema iDrive, que comanda las funciones de la computadora de a bordo, del equipo de sonido, del teléfono con Bluetooth y hasta de la televisión, que sólo se puede utilizar con el motor apagado. Es un sistema que requiere de varios días de práctica y concentración para agarrarle la mano, pero es cierto que no hay otra forma posible de concentrar tantas funciones en una sola pantalla y con una sola perilla.

Motor y transmisión

Colosal. No hay otra forma de definir al V8 biturbo de 4.4 litros y 408 caballos de potencia. El torque de 600 Nm empuja a partir de las 1.750 rpm con una fuerza que parecería suficiente para sacar al Sol de órbita. Es en ese régimen exacto cuando empieza a soplar el segundo turbocompresor y donde la X6 sale disparada hacia delante como si no pesara 2.265 kilos.
La caja secuencial de seis velocidades tiene una palanca-joystick que parece diseñada por Buck Rogers y posee también comandos en el volante. Son dos pequeñas palancas en aluminio ubicadas justo a la altura de los pulgares, que responden con rapidez al menor toque.

La tracción es permanente a las cuatro ruedas y distribuye la fuerza propulsora de manera variable entre los dos ejes por medio de un diferencial con embrague multidisco de control electrónico. Pero la gran novedad de la X6 es el debut del Dynamic Performance Control, el primer sistema del mundo que distribuye la fuerza de tracción de las ruedas traseras de manera variable y continua, tanto que en el tablero hay un indicador que señala en todo momento cuánto está trabajando cada rueda.

Comportamiento

Acelera de 0 a 100 km/h en 5,4 segundos y su velocidad máxima está limitada a 250 km/h. En autopistas es una bestia devoradora de kilómetros imposible de alcanzar y que nunca cansará al conductor, aunque puede dejar exhausto a su bolsillo. El consumo medio homolgado es de 12,5 litros cada 100 kilómetros, pero durante la prueba de manejo y a ritmo sostenido la computadora de a bordo llegó a marcar promedios de hasta 25 litros cada 100 kilómetros. El tanque de combustible de 85 litros puede quedar chico para quienes no sientan clemencia con el acelerador.

Otros que mostraron signos de fatiga fueron los frenos. Los discos ventilados con el diámetro de una paellera son enormes, pero cuando entran en juego los bestiales desplazamientos de masa de este vehículo es comprensible que la física muestre sus límites.

Hicimos varios kilómetros por caminos de tierra y no pisamos el barro por dos razones de peso: la sequía implacable que afecta al país y esos neumáticos Bridgestone Dueler tan poco aptos para salir del asfalto.
El andar es bastante duro y gran parte de la culpa es de los neumáticos de perfil ultrabajo. En ciudad y en ruta se muestra muy ágil, con reacciones mucho más vivaces de lo que permiten intuir sus dimensiones.

El Dynamic Performance Control es un invento maravilloso. En curvas, el sistema no sólo aumenta la tracción de la rueda exterior, sino que también la hace girar hasta un 10% más rápido que la interior. Es decir, ofrece más tracción, pero también más propulsión, que no es lo mismo.

Supongamos que estamos en una embarcación a remo. Tenemos dos posibilidades de girar hacia la izquierda: una es introducir el remo izquierdo en el agua y la otra es remar sólo con el derecho. La segunda opción tiene una ventaja importante: no se pierde velocidad. En la X6 esto se traduce en una facilidad asombrosa para tomar curvas cerradas a alta velocidad. Hay que pelearse menos con el volante y dobla como si no midiera casi cinco metros de largo. Un bote, en todo sentido.

Conclusión

La X6 no puede ser juzgada con los parámetros de un auto normal y eso obliga a dejar de lado todos los prejuicios. En muchos países, esta creación de BMW fue criticada por intentar inventar un segmento que no existe; por querer responder preguntas que nadie hizo. Y sin embargo no sólo en la Argentina se agotaron las unidades disponibles. También ocurrió lo mismo en Estados Unidos y Gran Bretaña.

La X6 responde a la perfección a los gustos –o más bien caprichos- de quienes quieren tener en su garage la última palabra en tecnología y sofisticación. No es una coupé, no es un todo terreno ni un auto deportivo. Es una complejísima máquina de masajear el ego de su propietario. Y hay que admitir que lo sabe hacer muy bien.

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