Crítica: Porsche Cayman S

Pocas veces probé un auto de manera tan intensa y en tan poco tiempo. Y no fueron sólo los casi mil kilómetros recorridos en apenas 48 horas.

Fue la combinación de condiciones la que me permitió examinar (disfrutar) el Porsche Cayman S: lluvia torrencial, sol, neblina, calles, avenidas, autopistas, rutas secundarias y hasta un autódromo. Viajes solo y con amigos. Todo eso en sólo dos días.

Esta texto no es una crítica normal. Primero, porque nunca antes me habían prestado un Porsche para llevármelo a mi casa (gracias, Nordenwagen) y segundo porque, al no haber manejado otros autos del mismo segmento, no tengo autoridad para decir si el nuevo Cayman S con caja secuencial PDK es una buena compra.

Por eso, lo que sigue a continuación no es un análisis objetivo de las características del auto, sino un simple relato de lo que sentí al manejarlo durante tan poco tiempo. Pero sí durante muchos kilómetros.

Por fuera

A mi gusto, el Cayman tiene el diseño más atractivo, equilibrado y original de los Porsche actuales. Su motor central y sus dimensiones compactas permitieron dibujar las líneas de algo así como un animal agazapado.

A esto contribuyen en gran parte las llantas de 18 pulgadas, con neumáticos 235/40 adelante y unos gordos 265/40 detrás. Quienes busquen un mayor impacto, pueden elevar el alerón trasero retráctil desde un botón ubicado en la consola. Quienes no tengan complejos de inferioridad, se conformarán con saber que el spoiler se eleva a partir de los 80 km/h para mejorar el apoyo del tren trasero.

El diseño del Cayman es tan atractivo que se disfruta hasta manejándolo: los voluptuosos guardabarros traseros –con curvas de ancas femeninas- ocupan la mitad de la vista que ofrecen los espejos retrovisores externos.

Me llamó la atención la reacción que genera la presencia del Cayman por nuestras calles. En mi garage de pruebas tuve autos igual de costosos y potentes, como la BMW X6 y el Audi A5, pero son tan grandes y ostentosos que generan una indiferencia estudiada en la gente. Eso en el mejor de los casos.

Como el Cayman mide sólo 4,30 metros de largo y apenas 1,30 metros de alto, su figura compacta despierta curiosidad y simpatía, más que envidia. Los camioneros te saludan desde dos metros de altura, los peatones se agachan para hablarte y los cajeros del peaje sacan medio cuerpo afuera de la cabina para alcanzarte el vuelto. O para pedirte que lo salgas acelerando a fondo.

En mi caso, la curiosidad de la gente se acrecentaban cuando veían que, adentro del cockpit, viajaba comprimido un tipo de 1,87 metros de altura, con sonrisa de churumbel.

El diseño exótico es parte del atractivo de comprarse un auto sport carísimo, con espacio para sólo dos pasajeros y capaz de desarrollar velocidades prohibidísimas en buena parte del planeta.

El encanto íntimo del propietario de un Cayman radicará en hacer una parada sanitaria en una estación de servicio de la ruta, para volver y descubrir que ese auto que todos están fotografiando es el que responde a la llave que está en tu bolsillo. O abrir la persiana de tu habitación por la mañana y ver que una fina de capa de rocío sobre su carrocería queda tan sexy como una chica con el pelo recién lavado. O llevarlo a un lavadero y perder casi dos horas de tiempo, tan sólo porque los empleados se pelean por ver quién ponía sus manos sobre “el Porsche”.

Por dentro

Si alguien me llegara a decir que se compró un auto negro con interior rojo, lo primero que haría sería dar un paso atrás y mirarlo con cara de asco. Y, sin embargo, no puedo creer lo que voy a escribir: esta combinación de colores queda perfecta en el Cayman.

OK, el interior no es rojo furioso, sino un borravino algo estridente. La tonalidad abarca desde los tapizados hasta las alfombras, pasando por los revestimientos de las puertas, el volante, la palanca de cambios, la consola de instrumentos y hasta el freno de mano.

El puesto de conducción es tan bajo que prácticamente hay que dejar caer el cuerpo sobre la butaca. Salir requiere un poco más de práctica y contorsionismo. Una vez sentado, la sensación de espacio es muy placentera. El techo queda lejos de la cabeza, ingresa mucha luz al habitáculo y todos los comandos quedan bien a mano. El volante y la butaca tienen regulación eléctrica y tres memorias, aunque nunca logré hacer funcionar ninguna de las tres.

La calidad de terminación es soberbia. Las costuras del cuero a la vista son impecables, los detalles en aluminio transmiten un frío mecánico al tacto, la simetría de los instrumentos es absoluta y los largos pelos de la alfombra dan ganas de manejar descalzo.

Además de las memorias de los asientos, lo único que no me gustó fue la calidad del plástico de los comandos del control de crucero y de los limpiaparabrisas. Y sí: me siento un ingrato quisquilloso por haberlo dicho.

El equipo de audio, con parlantes Bose, suena como en una catedral. La costumbre de manejar escuchando noticieros de radio AM es un signo indiscutible de mi vejez prematura, pero durante los dos días que tuve el Cayman me dediqué a escuchar pop y música ochentosa pasatista. La idea era no pensar en nada más. Sólo en el auto.

El Cayman S PDK viene de serie en la Argentina con el Sport Chrono Package, un refinadísimo cronómetro enmarcado en la consola central, que se activa desde los comandos ubicados en la columna de dirección. ¿Para qué sirve? Para cronometrar tus tiempos de vuelta cuando vas a un circuito. ¿Es un accesorio inútil? Tal vez, pero bellísimo también, y un perfecto ejemplo de lo que los ingleses llaman “a piece of conversation”.

Como ya se mencionó, el Cayman sólo tiene espacio para dos personas, porque lleva el motor en posición central. O al menos eso es lo que dice la ficha técnica porque, para decir la verdad, no pude llegar a verlo.

En la Argentina, la bandeja trasera que cubre el motor está ocupada por la rueda de auxilio. Es una solución que no se ofrece en otros países, donde el público se conforma con un neumático más chico, de emergencia, que sí puede ocultarse en el baúl. En nuestro mercado, teniendo en cuenta las distancias y las dificultades para encontrar un gomero de confianza que manipule con cuidado las relucientes llantas de aleación, se decidió ofrecer un auxilio del mismo tamaño que las ruedas delanteras.

Acceder al motor es prácticamente imposible. Es como si los técnicos de Porsche desconfiaran de otros mecánicos y de sus propios clientes. Lo bien que hacen. Para las tareas de mantenimiento sí dejaron a mano los picos de carga de aceite, líquido refrigerante, líquido para frenos y lavaparabrisas.

En el Cayman no cabe mucha gente, pero hay buen espacio para el equipaje. Bajo el capot delantero tiene un baúl de 150 litros y atrás tiene otro de 260 litros. En total, entran dos valijas medianas y dos bolsos chicos. Más que suficiente para dos personas.

Motor y transmisión

El Cayman comenzó a fabricarse en el 2006 y recibió un leve restyling con una inyección de potencia, que se lanzó el año pasado en nuestro país. El Cayman S es la versión más deportiva, con un motor 6 cilindros bóxer de 3.4 litros de cilindrada y 320 caballos de potencia. Tiene 24 válvulas, inyección directa y admisión y distribución variables.

Pero la gran novedad de este restyling fue la incorporación de la caja secuencial PDK con doble embrague. Videos, detalles y explicaciones sobre su funcionamiento, se pueden ver acá.

Como no manejé la anterior generación del Cayman, no puedo hablar de las diferencias de este nuevo motor. Sólo puedo decir que ponerlo en marcha es una delicia. Al girar la llave, arranca con un ladrido brusco y regula en un tono elevado. Grave, penetrante. Una vez en marcha, el motor suena dentro del habitáculo de una manera invasiva. No incomoda ni molesta, pero gruñe como si estuviera todo el tiempo diciéndote: “Dale, acelerame, ¿para esto me despertaste?”.

Comportamiento

Lo retiré un miércoles por la tarde, casi de noche, y de inmediato lo guardé en mi garage con egoísmo fetichista, para mirarlo en detalle y en silencio. Esa noche se descargó una tormenta bíblica sobre Buenos Aires, que continuó por la mañana.

Pero al día siguiente salí a la calle igual, aún sabiendo que con un temporal tan horrible la mayoría de los porschistas preferirían dejar guardados a sus bebés e ir al trabajo en cualquier otra cosa. Incluso caminando y sin paraguas.

No tardé en descubrir que, más allá del sonido del motor y del escasísimo despeje del suelo que obliga a pasar los lomos de burro a mínima velocidad –igual, siempre toca-, el Cayman se comporta en ciudad como si fuera un buen Audi (por nombrar a un primo del mismo grupo).

La suspensión es firme, pero no incomoda. El andar es más confortable que, por ejemplo, en un Mini Cooper. La caja, en modo automático, hace los cambios de manera imperceptible y tan sólo hay que acostumbrarse a ver el tránsito desde muy abajo.

La gran diferencia con un Audi es que, apenas se despeja un poco el tránsito –y sin siquiera violar ningún límite de velocidad- se puede liberar un poco el acelerador para que no queden dudas de que estás manejando un Porsche.

De todos modos, a los pocos minutos me descubrí a mí mismo manejando en el tránsito con mucha más tranquilidad y cuidado que de costumbre. Sin zambullirme en los huecos de los embotellamientos. Sin cambiar de carril a cada rato. Y no sólo porque el auto vale 121 mil dólares, sino también porque el Cayman se disfruta desde otra perspectiva, aún desde el carril lento y acompañando en cada frenada al colectivo de adelante, que te baña en hollín.

En rutas y autopistas es un show aparte. Por más que haya mucho tránsito de camiones y la ruta sea estrecha, no hay nada más tranquilizante que saber que abajo del pedal hay potencia de la buena.

Los autos veloces muchas veces son acusados de manera injusta de ser peligrosos, pero lo cierto es que –administrando la potencia con responsabilidad- no hay nada más seguro que poder realizar adelantamientos en un parpadeo. O que los frenos –discos ventilados en las cuatro ruedas- respondan sin titubear y detengan el auto en el acto.

Pero, como soy humano, no resistí la tentación de llevarlo a un autódromo. Fui hasta Baradero, donde hay una pista corta –de apenas 1.600 metros-, pero con un pavimento respetable y un paisaje muy lindo, justo sobre la barranca que mira al Río Paraná.

Ahí pude liberar con seguridad toda la potencia del Cayman S y descubrir sus límites. La transmisión PDK tiene una función Sport, que permite operar la caja en forma manual, y la suspensión variable PASM ofrece dos grados de dureza. En el modo más duro, el auto es una roca. En la configuración más extrema de caja y suspensión, el Cayman se comporta como un verdadero auto de carreras. O incluso mejor.

La entrega de potencia es bestial y el nivel de adherencia en curvas parece infinito. Los controles de tracción y estabilidad tienen el suficiente grado de benevolencia para dejar que el auto deslice algunas décimas de segundo antes de entrar en acción. Es justo el tiempo necesario para dibujarte una sonrisa en la cara.

Si lo desconectás, más vale que borres esa cara de pavote y te concentres en serio, porque es fácil equivocarse y muy difícil encontrar el coraje suficiente para pisarlo a fondo. Podés pasarte la vida entera aprendiendo técnicas de concentración y ejercitación de reflejos con un auto así. Es mucho más caro que el tai-chi, pero mil veces más divertido.

Conclusión

Esta no puede ser una conclusión cualquiera, porque el Porsche Cayman S no es un auto común. Tampoco fue normal lo que me inspiró a hacer durante las 48 horas que estuvo en mis manos. Colgué el trabajo, postergué llamados y no respondí e-mails. Salí a la ruta e hice 300 kilómetros sólo para almorzar una picada de fiambres con dos amigos que viven en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde la gente todavía tiene tiempo de juntarse al mediodía y después dormirse una siesta antes de volver a trabajar.

Saqué a pasear a otro amigo, al que la puta vida lo está golpeando en este momento donde más duele, sólo para compartir durante una hora la frívola alegría de salir a dar una vuelta en Porsche.

Vagué por rutas, autopistas y hasta me divertí en un autódromo solitario, donde los únicos testigos eran unos chicos que practicaban karting y me envidiaban el auto, sin darse cuenta de que yo les envidiaba a ellos la habilidad con el volante.

Hablé durante horas con gente cuyo nombre nunca pregunté, sólo porque unos ingenieros de la lejana Stuttgart se esmeraron para crear un objeto tan maravilloso, capaz de romper las barreras entre desconocidos.

Y eso que me comporté como un caballero y resistí la obvia tentación de salir a yirar por la noche de Buenos Aires, con resultados que sólo hubiera podido publicar en un tratado de antropología porteña.

Todo eso me hizo descubrir que un Cayman no es un auto que se maneje para llegar rápido a algún lugar o para masajear el ego del propietario. Es un auto para estados de ánimo. Y con capacidad para cambiarlos. Siempre para mejor. No es un medio transporte que vayas a utilizar por necesidad, sino sólo cuando estés con el humor acorde.

Fue una pena devolverlo, pero una alegría haberlo manejado de manera tan intensa y tan variada. Cuesta 121 mil dólares y en cuanto termine de juntarlos –tarde o temprano- me lo voy a comprar. Digamos que ponerlo así, por escrito, es la mejor fórmula que encontré para extrañarlo un poco menos.

Texto de Carlos Cristófalo
Fotos de Mariano Cerdá


FICHA TÉCNICA
Precio: 121.500 dólares
Motor: central trasero longitudinal, 6 cilindros tipo Bóxer, 4 válvulas por cilindro, distribución variable, inyección directa y admisión variable.
Cilindrada: 3.436 cc
Potencia: 320 cv a 7.200 rpm
Torque: 370 Nm a 4.750 rpm
Medidas: 4.347 mm de largo, 1.801 mm de ancho, 1.306 mm de alto, 2.415 mm de distancia entre ejes.
Peso: 1.450 kg
Tanque de combustible: 65 litros
Baúl: 410 litros
Velocidad máxima: 275 km/h
Aceleración de 0 a 100 km/h: 5,1 segundos
Aceleración de 0 a 1.000 metros: 23,9 segundos
Consumo: urbano, 14,1 l/100km; extraurbano, 6,6 l/100km; medio, 9,4 l/100km

Los comentarios off-topic, con malas palabras o links a webs externas serán eliminados. La reincidencia podrá ser causa de la anulación de la cuenta del usuario. Consultas: info@autoblog.com.ar