Ahora sí se puede contar

KIRBUS0

Texto de Federico Kirbus
Fotos: Archivo de Federico Kirbus y Mercedes-Benz
http://federico-kirbus.blogspot.com

Siempre, en el mes de octubre, se solía correr el Gran Premio Standard en la Argentina. Con Raúl Fernández Aguirre como ariete -y un grupo de asesores, entre los que yo me encontraba- habíamos creado este certamen en 1956 como complemento (o insert) del Gran Premio TC tradicional.

Fui yo también quien, en 1960, comenzó a gestionar por vía epistolar con Karl Kling la participación del equipo oficial Mercedes-Benz, que hizo su primera intervención en 1961 con un triunfo del binomio rallyista Schock-Moll, a bordo de un 220 SE. La E estaba por “Einspritzung” (inyección).

Aunque en apariencia sin mácula, cada una de las cuatro intervenciones y victorias del equipo alemán (desde 1961 hasta 1964) tuvo internas que no trascendieron. Y que yo hoy puedo y quiero contar.

Como por caso la rivalidad, en 1961, entre Walter Schock y Hans Hermann, porfía que queda reflejada en los apenas siete minutos de diferencia de tiempo en el cómputo general. El jefe de equipo Karl Kling tuvo que poner paños fríos al duelo interno para que no pasara a mayores ni trascendiera.

Es que donde hay dos o más, yace la semilla de la rivalidad. En 1962 pasó lo mismo, cuando Menditeguy quiso pavonearse con su muñeca y Böhringer no quería ser relegado a segundón.

Resultado: la famosa zambullida de ambos 300 SE en un badén cubierto de agua cerca de Berrotarán, durante la etapa inicial.

Peor aún: el accidente fatal de Hermann Kühne en la segunda etapa y la repentina “orfandad” de las suecas Ewy Rosqvist y Úrsula Wirth, como únicas defensoras del equipo de la Estrella.

El binomio femenino vestía pantalones stretch con raya, y su aspecto impecable al bajar del auto motivó que se pensara que disfrutaban de aire acondicionado, porque algunos confundían la suspensión neumática (aire) del 300 SE con climatización (aire).

A todo eso, la carrera estuvo cuajada por una serie de peripecias y contratiempos menores, felizmente superados y sorteados: ganaron con casi tres horas de ventaja sobre el chileno Garafulich Stipicic, con Volvo 122 S.

Y también con un secreto hasta hoy bien guardado durante décadas por Marlú, que develaré al final del todo.

Otro año, una participación de Bordeu por sugerencia mía no fue exitosa, porque el temperamental “Maneco” no se atuvo a las reglas del equipo, que son estrictas y valen para todos. Una prueba realizada con Juan Gálvez en el Autódromo, también sugerida por mí, quedó en cambio en la nada.

No faltaron en este ciclo, peripecias entre risueñas y trágicas.

El copiloto -como el “lampiño” Denis Jenkinson, en el MB 300 SLR Nº 722 de Stirling Moss, en la Mille Miglie de 1955- solía ser la clave para el triunfo o el fracaso. En una época en que los acompañantes en las carreras de TC eran simples “mangiagrasas”, los copilotos europeos en cambio eran en cierto modo el radar para predecir la próxima curva o el obstáculo invisible registrado en el Roadbook (en alemán lo llamaban Gebetbuch, “misal”). Cientos de páginas, miles de apuntes.

Para elaborar esta guía era imprescindible realizar la vuelta de relevamiento previa una semana antes, no más, de la largada. Solo así la ruta estaba como iba a estar y un Böhringer sabía que antes de tal curva en las Sierras de Córdoba, ya de madrugada, debía ponerse los anteojos para no ser encandilado por el Sol naciente al salir del viraje.

Al sellado de los coches, Kling me envió a mí para -en lo posible- disimular alguna ligera desviación del reglamento (Anexo J). Sabedores de que lo más importante en un coche de competición, además del torque y la potencia, es el peso del vehículo, Mercedes extraía del asiento banco posterior el acolchado con resortes, dejando sólo las fundas sobre el armazón metálico. Así se economizaba muchos kilos, pero se quedaba dentro del reglamento. Ambrosio, el mecánico jefe del ACA, siempre de mameluco blanco, ordenaba el sellado sin objeciones.

El color celeste de la carrocería con techo crema tampoco era casualidad, sino fruto de la intención de que éste reflejase los rayos del Sol.

De todos, Eugen Böhringer (1922-2013) fue por lejos el más científico. De profesión era cocinero y poseía un restorán boutique cerca de Stuttgart. Tres semanas antes de una carrera empezaba a sorber jugo exprimido de zanahoria para optimizar su vista, y mientras corría tomaba un elixir compuesto de leche para reducir el ácido láctico en los músculos (cansancio), mezclado con dextrosa como alimento instantáneo y un chorro de coñac o whisky para optimizar el gusto.

En los hoteles procuraba ocupar la habitación más tranquila.

No faltaron situaciones de risa, como cuando en la vuelta de entrenamiento, una tarde llegamos a San Juan y entramos en el Aeroclub de Pocito (Aberastain), para repostar allí aeronafta a fin de mejorar el octanaje del combustible.

Tras salir, en la ciudad paramos en un surtidor comercial para completar los tanques. Y, para la estupefacción del despachante, entraban apenas cinco litros en los coches que en apariencia estaban llegando directamente de Carlos Paz.

No faltaron algún castañazo o desperfectos a lo largo de la ruta durante la vuelta previa, como aquél choque que protagonizó Kühne en plena Cuesta de Capillitas, con un camión que venía de frente en una curva y yo encogiéndome en el asiento trasero para eludir la caja.

Pero, en general, risas, buen humor y fotos ante la aparición de los primeros cactus a la vera de la ruta, aunque no poca preocupación ante la aparición en la lista de inscriptos de Andrea Vianini (con un Alfa Romeo Súper Veloce). O la sentencia del ingeniero Kostelecki, que nos acompañó en la vuelta de reconocimiento y al regresar, en el Alvear Palace, resumió su impresión ante Karl Kling: “Si resisten estos caminos, los coches que fabricamos son demasiado buenos para el uso cotidiano”.

Lo que más maravillaba a los europeos, en general, eran las trasmisiones radiales con sus aviones siguiendo a los punteros.

Hay muchísimo más, también en el aspecto sentimental entre bambalinas, que quedará para un futuro libro. Solo este secreto recogido hace medio siglo por Marlú de sus amigas Ewy y Úrsula, de quienes oficiaba de intérprete y por eso era apodada “la tercera Sueca”: tanto Ewy como Úrsula estaban encintas cuando ganaron el Gran Premio Standard 1962, delante de 337 hombres.

Al finalizar la prueba, La Nación tituló: “Rosqvist y Wirth – dos nombres difíciles para una victoria fácil”.

Cuando le traduje la frase a Kling, meneó la cabeza diciendo: “Si supieran… ¡dos nombres fáciles para un triunfo muy difícil!

F.K.

***

KIRBUS-Ewy_Ursula_Marlú ffMarlú, Úrsula y Ewy, en una foto del diario La Razón.

KIRBUS-Gran Premio Standard (1962)Fotógrafos y periodistas armamos en la Cuesta de Miranda una represita de agua para obtener una imagen espectacular y emblemática con las Suecas.

KIRBUS-Standard Gran Premio 9 fLas Suecas, en Casas Viejas.

KIRBUS2aEwy Rosqvist, en 1962.

KIRBUS3a-Ewy Baronin von Korff-RosqvistY en 2013, como embajadora de Mercedes-Benz.

36 Comentarios

  1. GUILLE JAKIM dice:

    Se siguen fabricando personas así?

    Excelente como siempre los relatos del gran Kirbus!

  2. FerD dice:

    Cuanto dato!.

    Agradecido.

    😉

    Saludos.

    • Jedi Master dice:

      En alguna nota anterior de FK lei que en cba unos de los corredores se disfrazó coin un poncho en la cabeza para asustarlas. FerD, CC recuerdan esa anécdota contada por nuestro ilustre periodista??

      El texto, Impecable como siempre.
      Saludos.

  3. MACH5 dice:

    que placer poder tener aquí un relator de lujo como Kirbus !

    • jrncolon dice:

      Ojalá estén guardadas en el Automóvil Club todas las notas de sus excursiones turísticas que relataba con su pluma genial en la revista Auto Club.
      Aunque hoy serían anécdotas graciosas ya que, como todos saben, ahora el país está atravesado por innumerables autopistas…

  4. Rodrigo dice:

    Todavia no se puede contar, aun queda gente que no puede reconocer lo que UNA MUJER puede hacer.

  5. DMC dice:

    Que buen relato de don Kirbus!!! Definitivamente la mejor época del automovilismo.

  6. iodra dice:

    Buena nota! al fin logre registrarme, estaremos en contacto ! saludos

  7. Roberto L dice:

    Espectacular relato de las anécdotas de KIRBUS… un grande.

    Qué lindas las suecas (las tres… piropo para el emblemático periodista).

    El epígrafe (y quiero imaginarme la nota completa de la época) de la foto de La Razón dista mucho de lo que acostumbramos, no? Qué forma de extraña de hablar para nuestros días… ja, ja.

  8. eldiego400 dice:

    se me pone la piel de pollo al leer esta nota… cuando mi padre (tambien corredor de aca de cordoba) me contaba fascinado la Historia de la suecas… increibles las anecdotas… GRACIAS F.K. y AutoBlog

  9. TURCO dice:

    hermosa nota, sin desperdicio… igual CC no te pongas celoso que cuando redactás las críticas… la descosés!

  10. Ivan_Ulianov dice:

    Notón.

    Y me enamoré de la joven Ewy

  11. FerD dice:

    “Y en 2013, como embajadora de Mercedes-Benz.”

    En segundo plano, Michael Bock, jefe de Mercedes-Benz Classic.

    😉

    Saludos.

  12. Danilo dice:

    Excelente relato, y que notón para la época, dos mujeres ganan un rallie y embarazadas!, los pueblos del interior Argentino en el 62 estaban mejor que ahora, ó me equivoco?

  13. negri dice:

    Excelente relato, que calidad! Gran Aventura

  14. tarantula dice:

    que buena nota!! gracias

  15. yatelito dice:

    de primera, que buenas epocas y que pais la Argentina sin duda en esa epoca si no era el mejor pegaba en el palo.

  16. jero chemes dice:

    Cito al gran Kirbus:
    O la sentencia del ingeniero Kostelecki, que nos acompañó en la vuelta de reconocimiento y al regresar, en el Alvear Palace, resumió su impresión ante Karl Kling: “Si resisten estos caminos, los coches que fabricamos son demasiado buenos para el uso cotidiano”.

    Nada más que agregar.
    Saludos.

  17. jero chemes dice:

    Cito al gran Kirbus:
    O la sentencia del ingeniero Kostelecki, que nos acompañó en la vuelta de reconocimiento y al regresar, en el Alvear Palace, resumió su impresión ante Karl Kling: “Si resisten estos caminos, los coches que fabricamos son demasiado buenos para el uso cotidiano”.

    Nada más que agregar.
    Saludos.

  18. jrncolon dice:

    Esos GP movilizaban a todos los pueblos por donde pasaba.
    Las vi pasar (en el 63 ó 64) por una avenida de Villa María.
    Y era muy difundido ese mito de las suecas terminando cada etapa como una lechuguita recién cortada (?), atribuyéndoselo al aire acondicionado.

  19. Berto dice:

    Mi viejo también me contaba de las sueca; ¿cómo no haber estado enamorado de esas mujeres?
    PD: en la foto 1 se están subiendo a un Valiant I, no?

  20. callagan dice:

    Estas historias testimoniales me inundan el alma.
    Gracias.

  21. exoticrides dice:

    Muy bueno los relatos, excelente !!!

  22. yatelito dice:

    me llamo la atencion las caras de la gente todas se rien, igual que ahora

  23. sergiobis dice:

    excelente nota, de esas qeu des vez en cuando hay que matizar en el blog.-
    me gustan mucho los relatos de los GP y del viejo TC, en especial las mañas de mas de uno para sacar una ventajita.-
    PD: no es ese el MB de Jero???

  24. Leotrek dice:

    Qué buena nota, qué lindo relato! Había escuchado algo de las famosas suecas que ganaron el Gran Premio, pero estos detalles ni los sospechaba: Embarazadas las dos! Mañana le cuento a mi viejo, le va a encantar… 😀

  25. Tato1979 dice:

    Muy linda historia! Al principio pense q las chicas tenian unas dobles, o un motor mucho mas potente, o algo asi… Q locas mandarse a esa aventura embarazadas!

  26. nestorio dice:

    Una verdadera “estitución”, como diría Minguito, el gran FK. GRacias por publicarla.

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