Por Federico Kirbus
www.kirbus.com.ar
El asunto es así: en diciembre de 1901 se realizó la primera carrera para automóviles del país, en el desaparecido Hipódromo Nacional de Núñez, allí donde ahora se encuentra el Barrio River. Una de sus calles ciculares sigue incluso el dibujo de la vieja pista.
Compitieron coches a petróleo y a vapor, y ganó Juan Cassoulet con un Rochester (foto de arriba). Como premio recibió una cigarrera y una fósforera de plata 900 en un estuche.
Pasaron los años. En 1960 reconstruí los comienzos del automovilismo deportivo argentino para publicar en un número especial de la revista El Gráfico. En mi investigación apareció desde luego también la historia de aquella cigarrera, que se había extraviado.
Sólo se sabía que Cassoulet se la había entregado en comodato al Automóvil Club Argentino (junto a la Copa Pacheco y Anchorena, también ganada por Cassoulet, en el Gran Premio de 1910).
Poco después de realizar esa tarea de investigación me encontraba circunstancialmente en una oficina del ACA y por un momento el empleado salió, dejándome solo. Mirando alrededor mío ví un mueble de madera con las puertas abiertas, y un estuche algo gastado. Intuí que podía ser la cigarrera, extendí la mano y me lo puse en el bolsillo.
¿Robo? No, un simple hurto a los fines de preservar un objeto de valor histórico. Luego comprobé que efectivamente era la cigarrera de marras. La conservé durante muchos años, hasta que Juan Manuel Fangio anunció la apertura de su Museo en Balcarce.
Pensé que sería el sitio ideal para exponer la pieza. Organizamos entonces un asado y en esa oportunidad le entregué al Chueco la cigarrera, que desde la apertura del repositorio se encuentra en una de las vitrinas (foto de abajo).
El Quíntuple me dio la absolución diciendo lo que yo pensé desde un principio: que para quien ignoraba la historia del premio, eso eran 150 gramos de plata, nada más. Lamentablemente le falta en su vitrina actual una leyenda explicativa adecuada, porque nadie sabe que con eso comenzó el automovilismo deportivo argentino.
PD: Hay otro matiz: a los dos hermanos Sielecki les prepararon y vendieron por un dineral ese primer premio, que es un invento, aunque los hermanitos lo conservan como si fuera real. Lástima que ahora la original está expuesta y explicada en el Museo Fangio.

Contacto con la Redacción de Autoblog: info@autoblog.com.ar